Cómo ser un mal jefe

Aun el mejor jefe del mundo puede tener un mal día, va a meter la pata, va a lamentar lo que dijo, se va a sentir insatisfecho y va a sentir que su equipo no da un centavo por el. Básicamente los jefes también son humanos, pero ¿Por qué un buen jefe puede llegar a convertirse en un mal jefe? y ¿Cómo evitar ser un mal jefe?.

Es verdad que algunas veces las cosas no salen como lo deseamos, pero la buena noticia es que adquiriendo una mayor conciencia de lo que causa algunos problemas recurrentes se puede evitar que sucedan de nuevo de manera rápida y efectiva. No podemos cambiar lo que ya sucedió, pero si podemos cambiar lo que haremos luego. Personalmente he aprendido a hacer una pausa y a considerar las razones sicológicas y fisiológicas de mis acciones cada día, lo que me ha ayudado a incrementar mi conciencia de mi mismo e incluso ayudar a incrementar la de otros así que soy consciente que, como “humano” que soy, tengo muchas cosas que mejorar cada día, y una de ellas es el poder ser un mejor jefe o al menos el mejor que yo sea capaz de llegar ser, lo que no es una meta cualquiera.

Muchas veces nuestra fortaleza viene de nuestras debilidades, pero lo contrario también es cierto y aun cuando hacemos los mejores esfuerzos puede que no veamos resultados si no hay un plan establecido para llegar a la meta. Así que además de usar mi propio nivel de consciencia para intentar auto-ajustarme, decidí ir más allá y apoyarme en quienes ya recorrieron el camino de volverse mejores jefes. Como es habitual en mi, luego de realizar investigaciones siento ese ronroneo de pensamientos en mi mente que me obliga a compartir lo aprendido, así que he decidido escribir este artículo para darte una mano en tu camino a ser mejor jefe, y en el de evitar ser un mal jefe. Porque como ya lo dije antes, hasta el mejor jefe del mundo puede llegar a ser un mal jefe de vez en cuando.

Entre mis lecturas en búsqueda de soluciones al problema de ser un mal jefe descubrí las experiencias de la Doctora Nicole Lipkin, especialista en sicología de negocios, entrenadora y consultora para la mejora de la gestión y el liderazgo, quien ha desarrollado prácticas sostenibles que ayudan a los líderes a incrementar su capacidad organizacional y a crear sostenibilidad en sus equipos de trabajo; en otras palabras los ayuda a ser mejores jefes. Curiosamente, ella misma llegó a tener que aplicar sus prácticas y recomendaciones, pues a menudo en su deseo de ser buen jefe también pasó por alto algunos puntos que vamos a discutir a continuación en una serie de tres artículos sobre el tema.

¿Por qué un buen jefe actúa a veces como mal jefe?

Es normal que un buen líder se involucre en las actividades de su equipo, y esto lo lleve a que colabore más de cerca con algunas de las personas en su equipo. Pero también es frecuente que al hacer esto se encuentre con desorden, situaciones peculiares, irracionales y hasta torpeza, por lo que es bien sabido que el liderazgo en los negocios puede llegar a ser un asunto complejo. Y es entonces cuando en ocasiones, el buen líder puede cometer el error de tomar una o mas de las siguientes acciones:

  1. Estar demasiado ocupado
  2. Ser demasiado orgulloso
  3. Tener demasiado temor

La Doctora Lipkin cataloga a estas acciones son como resfriados que pueden contagiar a cualquiera, y que pueden curarse fácilmente si se les da la atención necesaria, pero que cuando no se atienden a tiempo pueden llevar a una neumonía mortal.

El jefe demasiado ocupado

Todos conocemos al típico jefe que parece sentirse mejor cuando está ocupado. Es aquella persona que no se siente feliz si no está haciendo algo, y esto en sí mismo no es malo, el problema llega cuando la persona se sobrecarga más allá de sus capacidades, es en ese momento cuando se transforma en una persona “Demasiado Ocupada”. El exceso de ocupaciones afecta el rendimiento, la productividad, la creatividad, y nos hace más propensos a tomar las decisiones incorrectas o a no poder resolver problemas.

El límite de carga que puede llevar a una persona de estar “ocupada” a estar “demasiado ocupada” depende de cada persona, pero es común que hayamos superado el umbral de ocupación máxima permitida cuando podemos responder sí a todas o alguna de las siguientes preguntas:

  1. ¿Estoy tan ocupado en los detalles que ya no puedo ver el panorama completo?
  2. ¿Estoy haciendo trabajo extra porque no quiero “gastar” mi tiempo en enseñar a otros como se hace?
  3. ¿He decidido no delegar trabajo porque quiero que la gente vea que yo si puedo hacerlo?

Responder “sí” a una o todas las preguntas anteriores, es un reflejo de que estamos cayendo en el error de estar “Demasiado Ocupados” para ser buenos jefes.

El mundo actual, hiperconectado como está, hace que siempre estemos a un paso de estar demasiado ocupados; en otras palabras es muy extraño ver hoy a un ejecutivo sin nada que hacer. Simplemente pensemos en el efecto que han tenido el Internet y las Redes Sociales en las personas, ahora coloquemos eso en el teléfono móvil y veremos a individuos que no se desocupan sino hasta caer dormidos de físico cansancio con el móvil bajo la almohada; seguir las actividades de todos los “amigos”, “seguidores”, etc. se ha transformado en un trabajo de tiempo completo. Así mismo un jefe que debe supervisar el trabajo de uno o más equipos, puede que no tengan segundo de descanso en su jornada laboral.

En promedio un jefe recibe docenas o hasta cientos de veces más señales de su entorno, que un trabajador típico, por lo que no sorprende que sea más fácil que un jefe se sobrecargue a que un trabajador típico se sobrecargue. Cuando recibimos demasiadas señales a la vez durante períodos prolongados, nuestros sensores (haciendo una tosca similitud de nuestros increíbles cuerpos con máquinas) pueden llegar a sobrecargarse y dejar de percibir la información de manera adecuada.

Las siguientes son señales de que estamos sobrecargados:

  • ¿Pierdes los estribos más rápidamente?
  • ¿Te sientes más ansioso?
  • ¿Te sientes más impaciente de lo usual?
  • ¿Resuelves problemas más lentamente?
  • ¿Te distraes con facilidad?

Estos y otros síntomas indican que nuestro cerebro esta siendo forzado a estar atento a demasiadas cosas a la vez.

Estudios recientes del Dr. Harold Pashler muestran que nuestro cerebro no está optimizado para la multitarea consciente, en otras palabras, un cerebro humano no puede concentrarse en varias cosas a la vez sin sacrificar calidad en cada una de ellas. Esto quiere decir que cuando queremos ser mejores jefes llevando varias tareas a la vez, en realidad nos estamos auto saboteando. Es en ese momento cuando dejamos de ver el bosque y empezamos a ver únicamente hojas.

Cómo evitar ser un mal jefe

En esta primera parte de la serie sobre Cómo evitar ser un mal jefe hemos discutido el síndrome del jefe “Demasiado Ocupado”, así que veamos algunas recomendaciones para evitar llegar a ser un mal jefe bajo este síndrome. Lo primero que debemos hacer para evitar el exceso de ocupación es aprender a delegar adecuadamente, pero irnos hacia el extremo opuesto de delegar en exceso. Delegar nos ayuda a repartir obligaciones de forma equitativa a fin de que se cumplan objetivos de manera oportuna, pero los delegadores en exceso agregan peso a los demás. Esto es especialmente cierto en equipos pequeños, donde se necesita gente que ejecute más y delegue menos; por ello en los equipos pequeños es más frecuente el síndrome del jefe “Demasiado Ocupado”.

Ninguno de nosotros está exento a estar demasiado ocupado, y aunque tengamos un alto nivel de auto-consciencia de lo que hacemos, siempre será mejor recurrir a la ayuda de un consejero de confianza que puede ser un amigo, un familiar o incluso un colega. Recordemos la frase: “Nunca vemos las cosas como son, siempre las vemos como somos“, así que la idea es que este consejero actúe como nuestro sensor y nos ayude a identificar cuando superamos nuestros umbrales.

Cuando nosotros, o nuestro consejero, identifiquemos que estamos presentando uno o más de los “síntomas” del jefe Demasiado Ocupado, es momento de detenernos, respirar profundamente y por qué no salir a caminar alrededor de la oficina o el lugar donde estemos, ir por un poco de nuestra bebida favorita o incluso detenernos por completo leer ese libro que nos inspira. Lo más seguro es que a la mañana siguiente nos sentiremos como nuevos y seremos varias veces más productivos de lo que seríamos bajo la condición de “demasiado ocupado”.

By |2018-07-21T18:05:26+00:00junio 16th, 2014|Estrategias, Negocios, Opinion|0 Comments

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